El día 25 de mayo, la parroquia de San José de Soria, acogió el fin de curso de los profesores de religión. La tarde tuvo momentos de escucha a los profesores, tanto de la escuela pública como la concertada, presentación de las líneas de acción del nuevo curso y finalizó con la celebración de la Eucaristía.
La jornada pretendió animar y acompañar a cada uno de los profesores para que alcen la mirada a ir más allá de las preocupaciones cotidianas del aula y a descubrir, desde esa perspectiva, la presencia de Dios en el mundo educativo y en cada uno de los alumnos que Dios les confía.
Con la mirada puesta en S. Pedro de Osma, se invitó a los profesores a que sean conscientes de que la clase de Religión tiene la misión de reconstruir la propia vida interior y dar a los alumnos una esperanza basada en la fraternidad. Se les invitó a la necesidad de hacer comunión con la Iglesia que peregrina en Osma-Soria y a redescubrir la belleza y la caridad como claves de la misión educativa cristiana.
La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía presidida por el Administrador Diocesano, Gabriel Ángel Rodríguez Millán. En su homilía subrayó que la tarea educativa tiene mucho de acompañamiento y maternidad, especialmente en una sociedad donde muchos jóvenes viven desorientados interiormente pese a estar aparentemente conectados con todo. Recordó que la clase de religión no consiste sólo en transmitir contenidos, sino en ayudar a abrir preguntas profundas sobre el sentido de la vida, la esperanza y la verdad.
A partir de la figura de María al pie de la cruz, destacó la importancia de permanecer fieles incluso cuando no se ven resultados inmediatos, valorando la presencia cercana y silenciosa de los profesores en medio de la escuela. Insistió en que el profesor de religión está llamado a ser testigo de una fe vivida con humildad y autenticidad, capaz de acompañar a los alumnos en sus búsquedas más profundas.
Asimismo, recordó que la fe cristiana no puede reducirse a una ayuda emocional o a unos valores genéricos, sino que es una verdad capaz de sostener y transformar la vida. Finalmente, agradeció a los profesores de religión su trabajo discreto y perseverante, animándolos a seguir manteniendo abierta, en medio de la escuela, “una ventana hacia Dios”.




























