El día 2 de octubre la ciudad de Soria celebró a su patrón, San Saturio. La Eucaristía tuvo lugar en la Concatedral de San Pedro y fue presidida por el Arzobispo emérito de Zaragoza, Mons. Vicente Jiménez Zamora, acompañado por el Administrador Diocesano, Gabriel Ángel Rodríguez Millán, los sacerdotes, miembros de la vida consagrada, autoridades y pueblo fiel.
El Arzobispo emérito, en su homilía, trazó una semblanza de san Saturio señalando que, en estas fechas del dorado otoño soriano, la ermita del Santo junto a las aguas tranquilas del viejo padre Duero, que reza y canta su “terna estrofa de agua”, según escribió Gerardo Diego, se convierte en camino y meta de la devoción del pueblo soriano; en faro esplendente de luz que ilumina nuestros pasos; en remanso de paz espiritual que serena el alma para escuchar la voz de Dios lejos del ruido del mundo; que nos llama a vivir el mensaje del Evangelio, encarnado en la figura y la vida de San Saturio, que llega a nosotros, después de siglos, como agua fresca de manantial.
San Saturio, desde su encantadora ermita, nos enseña: el desprendimiento de los bienes para compartirlos con los pobres; el camino de la oración como encuentro personal con Dios; el valor de la ascesis y penitencia en medio de un mundo materialista y consumista; el anuncio de la alegría del Evangelio como lo hizo con el joven alavés San Prudencio; la esperanza ante el mundo futuro y la vida eterna. Todas estas lecciones de vida evangélica están representadas plásticamente en los frescos de su ermita, obra del pintor Zapata. Pero, sobre todo nos pregona, el mensaje de las Bienaventuranzas del Reino.
Reflexionó brevemente sobre el mensaje de las Bienaventuranzas encarnadas en la vida de san Saturio, que son la obertura de la sinfonía teológica del sermón de la montaña. Son, en boca de Jesús, la proclamación profética del espíritu y de las actitudes propias de los discípulos de Cristo que han optado por el Reino de Dios.
Las Bienaventuranzas son para nosotros una prueba de la felicidad, llevándonos a preguntarnos si la felicidad es una conquista que se compra o un don que se acoge y se comparte; si ponemos la felicidad en objetos y cosas que se consumen o en las relaciones fraternas y en el servicio al prójimo. La Bienaventuranzas son una revolución evangélica, porque elevan a los humildes y dispersan a los soberbios de corazón, como canta la Virgen María en su canto del Magníficat.
Acabó poniendo bajo la mirada serena y manto protector de san Saturio las necesidades materiales y espirituales de la ciudad de Soria, que es la suya; de nuestra Diócesis de Osma-Soria, en Sede Vacante, en espera de un nuevo Obispo, y que este año celebra 925 años de su restauración después de la invasión musulmana por san Pedro de Osma, monje y pastor en medio de su pueblo, que nos invita a “volver al Evangelio para recomenzar”.













