La capilla de las Hermanas Nazarenas de Soria acogió el día 4 de enero la celebración del II Domingo después de Navidad y la fiesta de san Manuel González. El Administrador diocesano de Osma-Soria, Gabriel Ángel Rodríguez Millán, subrayó en su homilía el significado profundo de la Encarnación como un Dios que “pone su tienda” en medio de su pueblo y decide permanecer de forma humilde y silenciosa en la historia humana.
A partir del prólogo del evangelio de san Juan, destacó que la fe cristiana nace de un Dios que no se limita a comunicar un mensaje, sino que se hace carne, se expone y se queda, una clave que encuentra su prolongación más clara en la Eucaristía. En este contexto, recordó la experiencia fundante de san Manuel González ante un sagrario abandonado, que marcó toda su vida y dio origen a una espiritualidad centrada en la compañía fiel al Señor presente en la Eucaristía.
El Administrador diocesano señaló que la vida consagrada, y en particular el carisma nazareno, brota de saberse bendecidos y elegidos en Cristo, antes que de cualquier tarea o compromiso, y afirmó que la adoración eucarística no aparta del mundo, sino que es el manantial de toda misión auténtica.
Finalmente, evocó Nazaret como estilo de vida cristiana (hecha de silencio, fidelidad y entrega cotidiana) y animó a redescubrir el valor evangelizador de lo escondido y perseverante en un mundo marcado por la prisa y el ruido, concluyendo que Dios sigue confiando su presencia al amor fiel de corazones disponibles.









