El 22 de marzo, el domingo posterior a la solemnidad de san José, se celebró el día del Seminario, este año bajo el lema, «Deja tus redes y sígueme». El objetivo de esta jornada es recordar y honrar la figura de san José, patrón de los seminarios y modelo para los sacerdotes.

La Subcomisión episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española presenta el sacerdocio como una alternativa de vida frente al vacío existencial de muchos jóvenes. «En una sociedad saturada de estímulos y distracciones, la vocación sacerdotal se revela como un camino hacia la libertad interior y la plenitud del corazón. Es una propuesta contracultural, porque se trata de un compromiso para toda la vida que no antepone el bienestar individual. Pero es una propuesta profundamente humana: vivir para los demás en clave de entrega, con un corazón indiviso, sostenido por la fe en Dios y por la comunidad».

La celebración central en nuestra diócesis tuvo lugar en la Parroquia de Santa María La Mayor de Soria con una Eucaristía presidida por el Administrador Diocesano, Gabriel Ángel Rodríguez Millán y a la que asistió toda la familia del Seminario Santo Domingo de Guzmán. El Administrador Diocesano centró su homilía en la acción de Dios que devuelve la vida allí donde el ser humano experimenta muerte interior, pérdida de sentido o desesperanza.

A partir de las lecturas bíblicas, destacó que Dios actúa precisamente en las situaciones límite, como refleja la resurrección de Lázaro, subrayando que Cristo no sólo da vida, sino que es la Vida misma y llama personalmente a cada uno a salir de aquello que le impide vivir plenamente. En este contexto, recordó que toda persona alberga “sepulcros” interiores de los que está llamada a salir con la ayuda de la gracia y de la comunidad cristiana.

En relación con el Día del Seminario, explicó que la vocación sacerdotal nace de la experiencia de haber sido alcanzado por Cristo y de descubrir en Él un sentido pleno para la propia vida. Subrayó que Dios sigue llamando hoy y que es necesario crear condiciones de escucha, acompañamiento y discernimiento, tanto en las familias como en las comunidades eclesiales.

Concluyó invitando a los fieles a acoger la llamada de Dios con valentía, superando miedos y comodidades, y a responder de manera concreta a la invitación del Señor a seguirle.