El sábado 11 de julio, el Monasterio de Santa María de Huerta, acogió la bendición abacial del P. Francisco Rivera Jiménez, que fue elegido abad de la comunidad el pasado 20 de mayo, sucediendo al P. Isidoro Mª Anguita Fontecha, que ha regido el monasterio durante 31 años.
La bendición abacial fue presidida por Mons. Abilio Martínez Varea, obispo de Ciudad Real, y concelebraron los Abades de San Pedro de Cardeña (Burgos), San Isidro de Dueñas (Palencia), La Oliva (Navarra), el superior de la Abadía de Viaceli (Cantabria), el Prior del Monasterio benedictino de Leyre (Navarra) y D. Martín Ortega párroco de Santa María de Huerta, además de sacerdotes amigos del nuevo abad y de distintas diócesis.
El rito de la bendición abacial se inició con la petición de la bendición, realizada por el presidente de elección abacial que fue el P. Roberto de la Iglesia. A continuación, tuvo lugar el interrogatorio en el que al P. Francisco se le preguntó solemnemente sobre su fe, su disposición interior y su compromiso de vivir según la Regla de san Benito y la tradición monástica. Después, la asamblea se unió en la oración de la Iglesia mediante las letanías de los santos, invocando la intercesión de aquellos que nos han precedido en la fe.
Seguidamente, D. Abilio pronunció la oración de bendición, pidiendo que el Espíritu Santo derramase sus dones sobre el P. Francisco Rivera: sabiduría para discernir, fortaleza para sostener, humildad para servir y amor para guiar a sus hermanos en la búsqueda de Dios. Finalmente, tuvo lugar la entrega de las insignias abaciales, signos visibles del servicio que el abad recibe: el libro de la Regla de san Benito signo de lo que está llamado a enseñar a sus hermanos de comunidad, el anillo, que expresa su fidelidad; la mitra, que manifiesta la dignidad espiritual del ministerio; y el báculo, símbolo de su misión de pastor que guía y sostiene a la comunidad.
El nuevo abad, rodeado de familiares, amigos y una importante representación vecinal, concluyó la celebración litúrgica agradeciendo la presencia de tantos en este día, y pidiendo que lo siguieran acompañando con su oración y afecto.






