Semana de oración por la unidad de los cristianos

Del 18 al 25 de enero, la Iglesia celebró la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que este año llevó por lema «Un solo Espíritu, una sola esperanza». Un lema que invitó a orar y a trabajar para que la unidad entre los cristianos sea cada vez más visible y para que Jesucristo, luz de luz, sea la meta común que ilumine el camino de todos.

En nuestra diócesis, a lo largo de esos días se desarrollaron diversos momentos de oración y encuentro ecuménico. De manera especial, el martes 20 de enero, la iglesia del convento del Carmen de Soria y el Carmelo seglar hicieron suya, un año más, la intención orante de esta semana, uniéndose a la oración de toda la Iglesia por la plena comunión entre los cristianos.

Los actos concluyeron el sábado 24 de enero con una celebración ecuménica en la iglesia de San Juan de Rabanera, presidida por el Administrador diocesano y con la participación fraterna de miembros de la comunidad ortodoxa rumana presente en nuestra ciudad. La vigilia fue un signo elocuente de que la búsqueda de la unidad no es una realidad abstracta, sino un camino concreto que se construye con encuentros reales, gestos de acogida y oración compartida.

En la homilía, el Administrador diocesano subrayó la imagen bíblica de la luz como clave para comprender el sentido profundo de esta Semana. Recordó que la luz de Dios no es algo decorativo ni lejano, sino un medio para caminar en ella, capaz de orientar la vida, transformar las relaciones y sanar las divisiones. Esa luz, afirmó, tiene un nombre: Jesucristo, luz ofrecida a todos, que no excluye a nadie y que llama a los cristianos a dejarse guiar por Él con humildad y espíritu de conversión.

Asimismo, destacó que la unidad por la que oramos no nace de estrategias humanas ni de acuerdos calculados, sino de una conversión compartida a la luz de Cristo. No se trata de crear una unidad nueva, sino de custodiar la que el Espíritu ya ha sembrado en la Iglesia: un solo bautismo, una misma fe y una esperanza común. En este contexto, valoró especialmente la presencia de la comunidad ortodoxa, como expresión concreta de un camino que, aun reconociendo las heridas y distancias del pasado, se apoya en el deseo sincero de caminar juntos ante el Señor.

La celebración concluyó con una llamada a no reducir esta Semana a un gesto puntual, sino a vivirla como un compromiso permanente. Caminar en la luz de Cristo, recordó, implica sembrar palabras de paz, sobrellevarnos unos a otros con amor y avanzar juntos allí donde el mundo herido espera un signo creíble de esperanza, para que la Iglesia refleje cada vez más la gloria de Dios en la comunión a la que está llamada.

Comparte esta noticia
Facebook
X.com
LinkedIn
WhatsApp
Email