Diócesis de Osma-Soria

Carta del Obispo

“Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve”

Agosto de 2020

Queridos diocesanos:

Desde el anuncio de la fecha de la Ordenación como diácono de José Antonio García Izquierdo para el día 22 de marzo, han trascurrido muchas vicisitudes. La más grave, que ha trastocado la vida y los planes no sólo de un país sino del mundo entero, ha sido la pandemia que ha cercenado la vida de muchas personas, sobre todo de los mayores; además ha cambiado la forma de convivir, la economía e, incluso, la vida eclesial que se ha visto frenada, aunque no paralizada, en su dimensión evangelizadora, celebrativa y pastoral.

Pero ahora es motivo de gozo para toda la comunidad cristiana de Osma-Soria porque el pasado domingo 26 de julio por la tarde, en la S. I. Concatedral de San Pedro de Soria, tuvo lugar la Ordenación de diácono de José Antonio para el servicio de Dios y de la comunidad. A pesar de todas las dificultades de esta pandemia, después de un largo tiempo de estudio y discernimiento personal y eclesial, este joven ha llegado a este momento en el que ha dicho “sí” al Señor desde el sacramento del Orden.

En la Introducción General del Ritual para la Ordenación de diáconos se señala expresamente cómo el diácono, mediante la Ordenación, queda incorporado a la Diócesis, por la aceptación del celibato se consagra a Cristo de un modo nuevo y se le encomienda la celebración de la Liturgia de las Horas por todo el Pueblo de Dios, por toda la humanidad. Además, promete respeto y obediencia al Obispo y a sus sucesores.

El Señor Jesús pide a los diáconos un “sí” sin ninguna reserva, entregando el corazón entero, con absoluta disponibilidad a la Iglesia representada por su Obispo. Cuando uno vive la vocación al ministerio ordenado (en el grado que sea de diaconado, presbiterado o episcopado) como servicio y entrega, entonces el celibato, la oración y la obediencia encuentran su sentido más profundo y evangélico. El Evangelio nos pide un seguimiento radical de Cristo, sin concesiones al dinero, al poder, al confort de vida, a las razones muy bien razonadas pero que nos alejan del Reino de Dios que es nuestro tesoro escondido en el campo, la perla fina de gran valor (cfr. Mt 13, 44-52). De lo contrario, el celibato, la Liturgia de las Horas y la obediencia se convierten en cargas pesadas que hacen de nuestra vida un gran sufrimiento o bien las vivimos de tal forma que nuestra vida se acomoda a este mundo, lo que el Papa Francisco ha llamado la mundanidad espiritual.

El Magisterio de la Iglesia define así al ministerio diaconal: Los diáconos reciben la imposición las manos no en orden al sacerdocio sino para realizar un servicio: Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve” (Lc 22, 27). Este servicio abarca la predicación de la Palabra de Dios -no nuestras propias opiniones personales-, la distribución de la Eucaristía con dignidad, atención y devoción, y, de manera muy singular, la caridad, el servicio a los demás, con dedicación total a todos -sobre todo a los desheredados de la tierra- en este Cuerpo de Cristo que es la Iglesia (cfr. LG 29).

Necesitamos jóvenes que se comprometan en su vida como sacerdotes. Es una aventura que merece la pena vivir. La experiencia vocacional de los diáconos y la de todos los presbíteros es haber respondido a la llamada del Señor. Insistamos en la pastoral vocacional que no está reservada sólo a los sacerdotes sino que es propia de todo el Pueblo de Dios: sacerdotes, familias, catequistas, maestros de Religión Católica… Oremos con insistencia al Señor para que nos mande sacerdotes santos que entreguen su vida por el Reino de Dios. Sin el ministerio ordenado no hay Eucaristía y sin Eucaristía no hay Iglesia. Nuestra Iglesia diocesana está necesitada de jóvenes como José Antonio, dispuestos a dejar todo, para ser guías y pastores de las comunidades cristianas al estilo de Jesús Buen Pastor.

Quiero terminar con unas hermosas palabras que pronunció el Maestro, el Amigo por excelencia, la víspera de su Pasión, en una tertulia admirable que mantuvo con sus discípulos en el contexto de la última Cena: “Ya no os llamo siervos, os llamo amigos” (Jn 15,15). Esto mismo nos dice a todos el Señor. Y añado un comentario que el mismo Jesús puso en el momento de llamar amigos a sus discípulos: “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando” (Jn 15, 14). Con la fuerza de la oración y con la ayuda de toda la comunidad diocesana somos dignos de esa amistad con Jesús, cumpliendo la promesa del Señor: “Os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Jn 15, 16). 

Todos necesitamos de la ayuda de Dios, necesitamos de su Palabra, de su presencia, de su perdón y de su gracia, de su cercanía. Él no se olvidará jamás de los que le sirven. Si acudimos a la Virgen, Ella nos protegerá, nos llevará siempre a Jesús y hará seguro nuestro camino.

Os bendice vuestro Obispo,



† Abilio Martínez Varea
Obispo de Osma-Soria