Diócesis de Osma-Soria

Carta del Obispo

Creación del Fondo diocesano extraordinario de solidaridad

1 de abril de 2020

Queridos hermanos de esta Iglesia de Osma-Soria:

Los cristianos que peregrinamos en esta tierra soriana queremos vivir en verdad las hermosas palabras que el presbítero pronuncia en la preparación de los dones en la Eucaristía: “Orad, hermanos, para que llevando al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso”.

Desde que comenzó la crisis sanitaria y social provocada por el coronavirus muchas personas se han preguntado y me han preguntado qué podríamos hacer como Diócesis para aliviar el dolor de tantos hermanos nuestros. Hay en el corazón de todos los seguidores de Jesús un deseo innato de llevar el amor de Cristo a la vida ordinaria para aliviar el sufrimiento de los hermanos. Las palabras de san Pablo “Caritas Christi urget nos” (“el amor de Cristo nos apremia”, 2 Co 5, 14) no son un eslogan vacío de contenido sino que constituyen el fundamento del ser y del hacer del cristiano. Son el motor de nuestra caridad cristiana.

Nuestra sociedad, también la provincia de Soria, está pasando por momentos difíciles y, para muchos, muy dolorosos. Es muy alto el número de contagiados y, por desgracia, también el de muertos a causa de esta pandemia. A esta realidad se une el confinamiento y las normas de distanciamiento social que hacen aún más difícil el acompañamiento y el poder reconfortarnos los unos a los otros. La Diócesis no ha dejado de orar y celebrar la Eucaristía por todos, de dar esperanza en medio de tanto dolor, y de apoyar a todos los que contribuyen a cuidar de los enfermos y a mantener la vida ordinaria sin que nos falte nada de lo necesario para vivir.

Aun siendo consciente de la humildad de nuestros recursos humanos y materiales, es mi intención que la Diócesis de Osma-Soria aporte también su granito de arena a la tarea ingente que hoy nos desafía. He decidido, junto con el Consejo episcopal de Gobierno, la creación de un Fondo diocesano extraordinario de solidaridad para aquellas personas que sufran la crisis social como consecuencia de esta crisis sanitaria. Este fondo se nutrirá, en un primer momento, de aportaciones de la propia Diócesis y organismos diocesanos (Seminario, Cáritas diocesana y Cáritas parroquiales), de aportaciones de los sacerdotes, de comunidades de vida consagrada, Cofradías, etc.; en definitiva, de las instituciones diocesanas. En un segundo momento lo hará con las aportaciones de toda aquella persona que quiera contribuir para este fin. Todo ello, evidentemente, con carácter voluntario. Este Fondo temporal estará destinado a dar ayudas a aquellos damnificados socialmente a causa de esta pandemia, de forma específica a aquellos trabajadores y autónomos que hayan perdido el trabajo así como a ayudar a negocios familiares que se encuentren en dificultades. Además, he ofrecido a las autoridades la Casa de espiritualidad sita en el Seminario de El Burgo de Osma como lugar de residencia para enfermos, sanitarios u otras personas que demande esta situación.

Sé de vuestra gran generosidad y que esta propuesta no agota ni mucho menos las posibilidades y las iniciativas que esta situación nos exige. Se trata sólo de una pequeña contribución que nos ayude a dar un mejor testimonio del amor de Dios a los hombres. En la Solemnidad del Jueves Santo que, en breve, celebraremos, la Iglesia hace profesión pública de fe en el Señor que instituye la Eucaristía como alimento espiritual y sacramento de comunión. Comunión que nos lleva a querer a todos como hermanos y preocuparnos de sus necesidades. Como ha escrito el Papa emérito Benedicto XVI, “la unión con Cristo que se realiza en el sacramento nos capacita también para nuevos tipos de relaciones sociales: la ‘mística’ del sacramento tiene un carácter social” (Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, n. 89). Reforcemos ambas dimensiones esenciales para el cristiano: la Eucarística y el amor fraterno.

Que nuestra Madre la Virgen, Salud de los enfermos y Consuelo de los afligidos, nos acompañe en esta vida como bálsamo para curar las heridas y de su mano seamos llevados a Jesucristo, fuente de vida eterna.

Con mi bendición,



† Abilio Martínez Varea
Obispo de Osma-Soria