Diócesis de Osma-Soria

Carta del Obispo

Hay lugar para la esperanza

Noviembre de 2019

Queridos hermanos:

¡El 1 de diciembre comenzamos el Adviento, ya se acerca la Navidad! Con este anuncio gozoso, os recuerdo que hemos dado fin al año litúrgico con la Solemnidad de Cristo Rey del Universo que celebramos el pasado 24 de noviembre para dar inicio a este nuevo año que ahora comenzamos. Sí, aunque pueda sorprender a alguno, en la liturgia de la Iglesia Católica es con el I Domingo de Adviento cuando comienza el año. Para el cristiano, el tiempo no es simplemente pasar las hojas del calendario sino celebrar el misterio de Cristo en toda su riqueza. El Adviento, por tanto, se encuentra al inicio del calendario litúrgico, como el principio del ciclo, dada su proximidad a esas fechas tan entrañables, en las que celebramos el nacimiento de Cristo en la noche del 24 de diciembre, en la noche más dulce del año: la Navidad.

El número 524 del Catecismo de la Iglesia Católica afirma que “al celebrar anualmente la liturgia del Adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ardiente deseo de su segunda venida”. Sin duda, el Adviento es un tiempo de esperanza. Es un tiempo donde vemos la luz del final del camino ya muy cerca; tanto, que casi la podemos tocar: Cristo va a nacer muy pronto. Únicamente tenemos que dejarle un sitio en nuestro corazón. Como decía San Agustín en las Confesiones: ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y Tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que Tú creaste!”.

También nosotros nos lanzamos a buscar a Dios en lugares donde no está: el poder, el dinero, la fama, el egocentrismo… Ahí no vamos a encontrar a Dios. Tenemos que buscar en nuestro interior y veremos que siempre hay sitio para Dios dentro de nosotros. Simplemente tenemos que hacerle hueco para que Él venga. Tirar aquello que ya no nos sirve, que nos queda pequeño o, simplemente, que nos hace daño y dejarle espacio a Él. Cuanto más sitio le dejemos, mejor. Porque tenemos la confianza en que Dios volverá a nacer en nosotros cada vez que lo necesitemos. Y nos renovará como si fuésemos niños con Él haciéndonos personas nuevas. Y nos sacará de nuestros miedos, frustraciones, pesimismos y desesperanzas. ¡Estad alegres en el Señor (cfr. Flp 4, 4) que el Señor está cerca y está entre nosotros!

Un signo visible de esta esperanza es la próxima celebración del Congreso nacional de laicos que tendrá lugar en Madrid del 14 al 16 de febrero del próximo año. A ese Congreso asistirán unas 2000 personas de toda España. También habrá una nutrida representación de nuestra querida Diócesis de Osma-Soria. Durante este momento previo del pre-congreso nos estamos preparando a nivel diocesano. Muchos de vosotros (más de cuatrocientos) habéis participado en un trabajo de reflexión por medio de grupos. Un trabajo que ha sido intenso y muy fructífero, y que, además, ha culminado en un encuentro diocesano en el que habéis tomado parte muchos cristianos comprometidos. Os felicito y os lo agradezco. Como veis, son signos que nos recuerdan que hay lugar para la esperanza. La nuestra, a pesar de sus lógicas limitaciones como puede ser el envejecimiento o la despoblación, es una Iglesia diocesana muy viva, que trabaja mucho y bien, y que, sin duda, va a seguir preparándose para llevar el Evangelio con todo el entusiasmo y todas las ganas a tantos rincones de nuestra geografía soriana. No nos dejemos llevar por el desánimo, ¡el Señor está cerca! ¡No nos dejemos robar la esperanza!” (EG 86).

Queridos diocesanos: El Papa Francisco, en su homilía en la Misa de la Casa de Santa Marta de 28 de noviembre del año pasado, nos propuso tres actitudes para ir al encuentro de Dios en Adviento: “Estar vigilantes en la oración, trabajadores en la caridad y exultantes en la bendición. Es decir, debo orar con vigilancia; debo ser trabajador en la caridad fraterna: no solo dar una limosna, no; también tolerar a la gente que me molesta. Y también la alegría de bendecir al Señor. Así debemos vivir este camino, esta voluntad de encontrar al Señor”.

Que la Virgen María, Madre del Adviento, Madre de la Esperanza, modelo de mujer creyente, nos acompañe en este camino que acaba en la gruta de Belén, en esa noche gozosa en la que Dios, despojándose de toda dignidad, se hizo Niño. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14). Feliz Adviento a todos.

Con mi afecto y bendición,



† Abilio Martínez Varea
Obispo de Osma-Soria