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Diócesis de Osma-Soria

Carta del Obispo

San José, padre trabajador

Mayo de 2021

Desde hace un año la pandemia provocada por el coronavirus ha afectado a la vida profesional cotidiana de millones de personas. Sin duda, la falta de trabajo o su precariedad es una preocupación que va más allá de lo puramente económico. Así lo señala certeramente el Papa Francisco en la Carta Encíclica Fratelli tutti al afirmar que el trabajo hace brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, su fuerza. Por eso, el mejor camino para una existencia digna es el trabajo, porque no es sólo un modo de ganarse el pan, sino también el medio de sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo (Cfr. n. 162).
Partiendo de esta afirmación, pasado más de un año desde la explosión de la pandemia, son muchas las preguntas que nos planteamos sobre el presente y el futuro de la economía. Ante la festividad del 1º de mayo, los cristianos podemos ofrecer con humildad una respuesta: meditar sobre el trabajo contemplando la figura de San José. El Papa Francisco, con motivo del 150º aniversario de la declaración de San José como patrono de la Iglesia universal, ha convocado un año jubilar con la Carta apostólica Patris corde, con corazón de padre. Este documento destaca muchas características propias de la personalidad de San José. Y una de ellas es que fue un padre trabajador, ya que San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia.
Cada día, desde el comienzo de la crisis, todos hemos debido cambiar nuestras rutinas cotidianas y revisar y adaptar continuamente nuestros planes y horarios. El trabajo, la vida de cada día, las relaciones sociales…, todo ha tenido que ser reinventado. Y ante esta situación, frecuentemente nos puede la ansiedad, la incertidumbre y el no saber del todo qué hacer. De ahí que nos preguntemos: ¿Cómo vivir el trabajo, a imagen de San José obrero, en un momento de aislamiento, sucesivas cuarentenas o restricciones de todo tipo con la actividad económica reducida?

El 1º de mayo de 1955 el Papa Pío XII propuso a San José como patrono y modelo para los trabajadores e instituyó la fiesta litúrgica de San José obrero. El Papa quería que, a través de San José, se descubriera y se reafirmara la dignidad y significado del trabajo. No olvidemos que el mismo Jesús quiso identificarse con los trabajadores pues el Evangelio lo define como “el hijo del carpintero” (Mt 13, 55).

Hay mil formas de contribuir a la edificación de la sociedad. Cada uno de nosotros, a través del trabajo cotidiano en la tarea que tiene encomendada, contribuye al esfuerzo conjunto de la humanidad para progresar hacia una condición humana cada vez más digna, más fraterna, más reflejo de la voluntad de Dios. Por eso, afirma el Papa Francisco en el nº. 6 de Patris corde: “El trabajo se convierte en participación en la obra misma de la salvación, en oportunidad para acelerar el advenimiento del Reino, para desarrollar las propias potencialidades y cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la comunión. El trabajo se convierte en ocasión de realización no sólo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia”.

Sí, queridos diocesanos, el trabajo es un don de Dios y un cauce importantísimo para la formación completa de todo ser humano. Jesús ha aprendido a ser un hombre en el taller de San José. “De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo” (Carta ap. Patris corde, 6). Siguiendo su ejemplo, somos todos invitados a hacer lo mismo, porque a través de San José, descubrimos la belleza del trabajo. Él lo realizó por amor a Dios, de una manera equilibrada y es la lección más bella que Jesús podía haber aprendido. Y esa es la lección que nos ha dejado para todos: porque “Dios está – sin mortaja – en donde un hombre trabaja y un corazón le responde” (Himno de la Liturgia de las Horas).
Con esta Carta el pensamiento del Papa se dirige al mundo del trabajo, a quien lo ha perdido y a quien todavía no ha tenido ocasión de insertarse en el mundo laboral. Son páginas que nos llevan a poner los medios para ser apóstoles en el mundo del trabajo, pensando especialmente en los trabajadores más jóvenes: “Imploremos a san José obrero para que encontremos caminos que nos lleven a decir: ¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!”.

Con mi bendición,



† Abilio Martínez Varea
Obispo de Osma-Soria