Diócesis de Osma-Soria

Carta del Obispo

Bajo tu amparo

Julio de 2019

Queridos diocesanos:

Las últimas palabras de mi Carta pastoral “Id también vosotros a mi viña” (Mt 20, 4) están dedicadas a la Virgen María. La Diócesis de Osma-Soria muestra su devoción a María en la multitud de ermitas y santuarios de la Madre de Dios y Madre nuestra, esparcidos por la geografía soriana, y en el gran número de fiestas que durante el verano se dedican a Ella, sobre todo a la Virgen de la Asunción.

En esta breve reflexión quiero destacar el calificativo que cariñosamente -cariño no exento de un gran calado teológico- aplica el Papa Francisco a la Virgen en Evangelii Gaudium: la llama “el regalo de Jesús a su pueblo”. Preciosa expresión para referirse a María. Parte el Santo Padre de la escena de la cruz, cuando Cristo “sufría en su carne el dramático encuentro entre el pecado del mundo y la misericordia divina” (EG 285). Vio a sus pies a su Madre y al amigo Juan. Fue entonces cuando Jesús dijo a su Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27). Comenta el Papa el significado de ambas expresiones del Señor: “Estas palabras de Jesús al borde la muerte no expresan primeramente una preocupación piadosa hacia su madre sino que son más bien una fórmula de revelación que manifiesta el misterio de una especial misión salvífica. Jesús nos dejaba a su Madre como madre nuestra”.

Es muy significativo que Jesús haya aprovechado precisamente el gran momento de su hora suprema para llevarnos a María, para ponernos en manos de María. Está claro que no quiere que nos veamos sin una madre, más aún, es su designio divino que nunca falte en la Iglesia la figura de la Madre. La Virgen María es una Madre que se anticipa a nuestras necesidades, a nuestras súplicas, porque nos conoce muy bien, y nos demuestra con obras que está siempre pendiente de sus hijos. Recordemos la escena de las bodas de Caná, cómo se adelanta y pide a su Hijo que haga algo pues no tienen vino. Así es María, así es la Madre. Todos hemos tenido a lo largo de nuestra vida más de una ocasión de comprobar personalmente su cariño, afectuoso y efectivo. Acudamos con sentimiento y amor de hijos a las fiestas de nuestra madre María: “Es allí, en los santuarios, donde puede percibirse cómo María reúne a su alrededor a los hijos que peregrinan con mucho esfuerzo para mirarla y dejarse mirar por ella. Allí encuentran la fuerza de Dios para sobrellevar los sufrimientos y cansancios de la vida” (EG 286).

Os invito a honrar a María. Pero, ante todo, contemplemos su vida, su relación con José, su castísimo esposo y, sobre todo, con su Hijo Jesús, relación llena de cariño y de ternura como corresponde a una Madre. Mirando a María pondremos todos los medios para “hacer lo que Él os diga”, como pidió a los sirvientes en las bodas de Caná en la confección del milagro de convertir el agua en vino (cfr. Jn 2, 1-11). Y a imitarla en su humildad, en su preocupación por los demás y en su limpieza de alma y cuerpo. Ella es la Estrella que marca el camino. El Papa Francisco -es bueno que no lo olvidemos- nos está proponiendo continuamente el papel clave que María desempeña a la hora de ayudarnos a que nos encontremos con su Hijo todas las veces que sea necesario. A Jesús se va y se vuelve por María. Tenla siempre en tu mente, en tu corazón y en tu recuerdo, y deja que actúe siempre con el cariño, la ternura con que actúan las madres. Te irá muy bien.

Quiero acabar diciendo que “Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo los corazones a la fe con su cariño materno” (EG 286). Los discípulos esperaron la venida del Espíritu Santo bien unidos y con María, la Madre de Jesús, en oración anhelante. Pido para nuestra Iglesia diocesana un renovado Pentecostés en el que el Espíritu suscite diversidad de dones y carismas para la edificación del Cuerpo de Cristo (cfr. 1 Cor 12). No apaguemos la llama del Espíritu con pesadas losas de desesperanza. Y repitamos muchas veces esta oración que es una de las más antiguas de las referidas a María: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad, antes bien líbranos siempre de todo peligro, Virgen gloriosa y bendita”. Amén.



† Abilio Martínez Varea
Obispo de Osma-Soria