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osma-soria.org > El Obispo > Carta semanal
Solemnidad de Santiago Apóstol (25-7-2010) Mis queridos diocesanos: Celebramos en este día la Solemnidad de Santiago, patrono de España. Él fue nuestro padre en la fe. Él sembró la fe en España y cumplió con el encargo del Señor de ser su testigo hasta la muerte por defender su fe. Celebrar la solemnidad de Santiago Apóstol nos lleva a recordar la España de la fe, la España abierta al mensaje de Jesús, que por la palabra y el testimonio del Apóstol Santiago se convirtió en un modelo de Nación cristiana. Celebrar esta solemnidad en este momento denuncia inevitablemente la realidad de la España actual en la que estamos viviendo respecto a la fe: nos habla de una Nación laicista en la que parece que Dios ofende con su presencia; nos habla de un pueblo que se niega a admitir que su historia y su cultura española se entienden sin la fe; un pueblo que se ha empeñado en expulsar a Dios de sus fronteras. No se trata de recordar a España con un patriotismo absurdo que no nos lleva a ningún sitio, pero sí de recordar que nuestra Nación fue un lugar donde los valores del Evangelio tuvieron cabida y se desarrollaron fuertemente; un lugar en el que en las familias se respiraba un ambiente creyente y cristiano; en el que los padres transmitían a sus hijos los valores cristianos como la mejor herencia que podrían dejarnos; una Nación llena de generosidad siempre que se trataba de favorecer la fe y de rendir un auténtico culto al verdadero Dios. Sí. Especialmente una generosidad de nuestras gentes creyentes que hizo las obras magníficas de arte de nuestras iglesias de las que hoy los todavía creyentes nos admiramos y que fueron capaces de conseguirlo porque vivían muy dentro de ellos aquello de que "para Dios lo mejor". Los tiempos han cambiado, por desgracia, y hemos llegado a esta realidad española en la que se quieren borrar y hacer desaparecer los símbolos cristianos, que no solo son símbolos religiosos sino culturales e históricos que han ido construyendo la idiosincrasia de un pueblo que se reconoce y vive desde ellos y su significado. Hemos pasado de una situación en la que los españoles iban a tierras de misión para cumplir el encargo de Jesús de "predicar a todas las naciones el mensaje de salvación" (Mc 16, 15) a otra muy distinta en las que las vocaciones atraviesan por una verdadera y dura sequía; donde necesitamos que otros vengan a recordarnos lo que fuimos para que sepamos defender nuestro patrimonio histórico, cultural y religioso vivido durante tantos años y que fue enseña y bandera de nuestra Nación. Las familias han dejado de ser cristianas: en ellas no hay sitio para Dios y su mensaje pues se muestran, muchas veces, preocupadas únicamente por lo material; los padres ya no son transmisores de fe para sus hijos porque ya no tienen punto de referencia en sus propias familias de las que viene cada uno de los que forman el matrimonio; se preocupan de muchas cosas y existe una despreocupación por todo lo que suene a fe, religión y Dios. Además, los medios de comunicación social cada vez que se acuerdan de la Iglesia es para desprestigiarla, para ensalzar y engrandecer sus errores, y muy pocas veces para contar lo mucho que hace por la sociedad y los ciudadanos. Pero a pesar de todo no quiero yo que mi mensaje sea un mensaje sin esperanza. Fuimos evangelizados por Santiago. Su labor evangelizadora en nuestras tierras tuvo una importancia capital para la cristianización de la misma. Lo mismo que él con su predicación y testimonio logró sembrar la semilla de la fe en nuestra patria, también, queridos cristianos, nosotros estamos llamados a hacer hoy lo mismo. La fe que un día se tuvo no ha quedado anulada del todo, queda en muchos una pequeña llama con poca vida, pero con vida; en otros quizá solamente un recuerdo de su niñez, pero un recuerdo lleno de cariño por lo que fueron; y, en fin, en otros permanece muy viva y luchando activamente para que la fe sea en ellos cada vez más viva y mueva a otros a vivirla de la misma manera. No tenemos derecho a resignarnos a ver en nuestro pueblo, un pueblo apartado de Dios como algo irrecuperable. Hemos de poner todo lo mejor de nosotros mismos para que esa fe vuelva a ser nuestra enseña, enseña que luzcamos con elegancia y que queremos contagiar a todos aquellos que por las circunstancias que hayan sido permanecen hoy indiferentes ante ella. Esta tarea nos afecta a todos: a los sacerdotes, que debemos hacer renacer en nosotros la esperanza y que hemos de creer en la importancia de nuestra vida y de nuestro ministerio ya que las personas necesitan de Dios y nosotros hemos de ayudarles a encontrarse con Él y amarlo; es tarea de los religiosos, que con su vida deben ser testigos de los valores de la vida de Dios en medio del mundo y que con su oración -especialmente los religiosos y religiosas de clausura- harán fructificar los esfuerzos evangelizadores para que los que trabajan en la viña del Señor vean cómo fructifican sus esfuerzo y su entrega; es tarea de los laicos pues, como decían los obispos españoles en aquella Instrucción pastoral dedicada a la nueva evangelización, ésta "o se hace por los laicos o no se hará". La evangelización de nuestro mundo, de nuestra Nación, de nuestras familias, de nuestros ambientes, de todo, etc. depende de todos. Todos debemos sentirnos responsables y todos tenemos algo muy importante que aportar. Que Santiago Apóstol nos ilumine en la tarea evangelizadora a todos y todos sepamos cumplir con la parte que nos corresponde. Así seguro que volvemos a ser un pueblo creyente en Jesús que vive y transmite la fe de unas generaciones a otras como lo fue en otro tiempo. ¡Feliz solemnidad de Santiago para todos! Con todo cariño os bendigo de corazón,
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