Diócesis de Osma-Soria

Beatos Juan Jesús Adradas, Pedro María Alcalde y Gonzalo Gonzalo

Asesinados en Paracuellos de Jarama (Madrid) durante la persecución religiosa desatada contra la Iglesia católica en 1936.

En el historial persecutorio de los religiosos tiene la Orden de San Juan de Dios -a la que pertenecían nuestros tres beatos mártires- su capítulo no menos glorioso que el de los demás Institutos. Ellos son buen testimonio de que la persecución no se limitó a determinados aspectos de la vida política y social, sino que intentó la eliminación total del hecho religioso en España. Por eso no hubo excepciones, ni se tuvieron en cuenta las peculiaridades de las instituciones (ni tan siquiera las vidas de personas que, como los tres beatos, se dedicaban exclusivamente al cuidado de los enfermos) ni la dificultad de llenar sus vacíos.

Los Hermanos de San Juan de Dios, ligados con deberes sagrados con los enfermos, no podían abandonar a éstos para salvarse a sí mismos sin hacer traición al ideal sublime de su propia vocación, que es de dar la vida por los pobres enfermos, como lo tienen prescrito en uno de los artículos de las Constituciones.

Por eso, en los primeros meses de la contienda fratricida española, fueron brutalmente asesinados.

El P. Juan Jesús Adradas nació en Conquezuela (Soria) en 1878. Joven sacerdote de la Diócesis de Sigüenza, conoció a los Hermanos Hospitalarios en Zaragoza, en cuya familia religiosa ingresó en 1908. Encarcelado el 7 de agosto de 1936 fue incluido en una de las sacas de los frentepopulistas el 28 de noviembre. Tenía 58 años y 32 de vida religiosa.

Pedro María Alcalde nació en Ledesma (Soria) el mismo año que el P. Juan Jesús. Tras la muerte de su esposa, se dedicó con entusiasmo al cuidado de enfermos ayudando a los Hijas de la Caridad del Hospital viejo de Soria. Ingresó como hermano de San Juan de Dios en 1914. Encarcelado fue sacrificado por el odio anticatólico el 28 de noviembre, día en que tuvo la gloria de morir por el Señor.

El hermano Gonzalo Gonzalo nació en Conquezuela (Soria) en 1909. En 1932 entró en la familia de los Hermanos Hospitalarios, orden en la que vivió heroicamente su oficio de limosnero, recogiendo en la calle la limosna para el Asilo que cuidaba. Allí, en la calle, el 4 de agosto de 1936 murió en el ejercicio de un servicio de obediencia y caridad, arriesgando su vida y perdiéndola por Cristo.