Diócesis de Osma-Soria

Beato Juan de Palafox y Mendoza

Juan de Palafox nació el 24 de junio de 1600 en Fitero (Navarra). Fue hijo ilegítimo de Jaime de Palafox y Rebolledo, más tarde segundo marqués de Ariza, y Ana de Casanate y Espés, viuda de noble estirpe, que mantuvo oculto su embarazo y, llegado el momento del parto, se retiró a los Baños de Fitero. Nacido el niño, la madre encargó a una criada que se deshiciera de él. La criada se dirigió al río con la intención de arrojarlo a sus aguas cuando fue descubierta por el guardián de los Baños, Pedro Navarro, quien se hizo cargo de la criatura hasta que en 1609, su padre le reconoció y pasó a vivir a su casa, donde recibió una esmerada instrucción.

De regreso a Ariza tras cursar estudios en diferentes ciudades, su padre le encomendó el gobierno del marquesado (1620-1626). En 1626 acudió a las Cortes de Aragón donde conoció al conde duque de Olivares, que le ofreció el cargo de fiscal del Consejo de Guerra (1627), por lo que se instaló en Madrid. En 1629 fue ordenado sacerdote.

Palafox en América

En 1639, el rey determinó que había que poner orden en el gobierno de Nueva España y nombró a Palafox visitador y juez de residencia. En ese momento estaba vacante el obispado de Puebla de los Ángeles, para el que fue designado también Palafox. Fue consagrado obispo el 27 de diciembre de 1639 y llegó a América en junio de 1640.

Como obispo de Puebla su labor fue ingente. Visitó todos los rincones de la espaciosa diócesis, propició una profunda reforma del clero y de los conventos, veló por el decoro litúrgico, todo ello dentro de las prescripciones del Concilio de Trento, escribió numerosas cartas pastorales, destacó en su defensa de los derechos de los indios, desplegó una fecunda labor educativa y cultural (tan sólo la biblioteca palafoxiana de Puebla justificaría toda una vida), promovió la construcción de numerosos templos y retablos, amén de la propia catedral de Puebla que él mismo consagró el 18 de abril de 1649. La negativa de las órdenes religiosas, especialmente jesuitas, a pagar los diezmos necesarios para el sostenimiento del clero diocesano y a solicitar las licencias episcopales para predicar y confesar, le supuso enorme quebraderos de cabeza en su defensa de la jurisdicción episcopal.

Satisfecho de su labor, el rey Felipe IV le nombró virrey (cargo que desempeñó del 9 junio al 23 de noviembre de 1642), presidente de la Real Audiencia, gobernador y capitán general de Nueva España. En 1643 fue nombrado arzobispo de Méjico (obispado al que renunció para quedarse en Puebla).

En la Corte madrileña la caída en desgracia de su gran protector, el conde duque de Olivares, y las intrigas de personajes perjudicados por sus decisiones consiguieron hacer declinar su estrella. Felipe IV, oyendo el consejo de sus detractores, ordenó entonces que Palafox regresara a la península. El obispo obedeció la orden con tristeza, apesadumbrado por tener que dejar Puebla. De regreso a la Corte, fue nombrado miembro del Consejo de Aragón en 1653. Ese año contribuyó decisivamente en la puesta en marcha de la Escuela de Cristo.

Obispo de Osma

En 1653 fue nombrado obispo de Osma por el rey Felipe IV. Hizo su entrada en la villa episcopal de El Burgo de Osma el 7 de marzo de 1654. En la diócesis oxomense, como en Puebla, Palafox se preocupó por elevar el nivel espiritual de los diocesanos, realizó intensas y extensas visitas pastorales, se volcó en el auxilio de los pobres, buscó ardientemente la justicia, mostrando una inusual capacidad de trabajo y una fecunda producción literaria.

La vida interior de Palafox destacó por su intensidad y frecuencia en la oración y la severa mortificación. Fervoroso devoto de la Virgen, difundió el rezo del rosario. Proclive a la reclusión monástica, el convento del Carmen de la villa fue lugar de recogimiento frecuente. Su vida de pobreza, a pesar de los altos cargos que ocupó y de los que hubiera podido lucrarse fácilmente, quedó patente en la redacción de su testamento en el que tuvo que pedir al Cabildo de la Catedral "que de limosna me entierren, pues soy pobre y como pobre deseo morir". Murió en el palacio episcopal de El Burgo de Osma el 1 de octubre de 1659 con fama de santidad.

Al poco de morir, no pocas casas particulares de El Burgo tenían cuadros o estampas de Palafox que servían de objeto de culto personal. El patriarca de las Indias, en su visita a la catedral el 28 de octubre de 1679 acompañando al rey Carlos II, arrodillado ante el sepulcro de Palafox exclamó: "Está aquí el mayor hombre del mundo".

Fue beatificado el domingo 5 de junio de 2011 en la S. I. Catedral de El Burgo de Osma (Soria), en una solemne ceremonia presidida por el prefecto de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, Legado del papa Benedicto XVI.

Jesús Alonso Romero