Diócesis de Osma-Soria

El Obispado de Osma en la frontera media árabe-cristiana del Duero (712-1011)

El reino visigodo de Toledo pereció en las aguas del Guadalete el año 711 y el Obispado de Osma se hundió en las del Ucero y el Duero el año 712. Así comenzó el largo proceso de silencios históricos del Obispado de Osma, consecuencia de la conquista de Hispania por el Islam.

Destruida Osma y desaparecida la Sede episcopal, las nobles construcciones romanas se convirtieron en material de acarreo para la construcción del castillo con murallas de emergencia, donde pueden verse en nuestros días piedras angulares y restos de columnas y pilastras procedentes de la romana Uxama.

La estrategia político-militar del emirato de Córdoba y del reino de Asturias incorporó las tierras del Obispado de Osma a la frontera media del Duero que marcó la línea divisoria entre los cristianos del Norte y los islamistas del Sur durante los siglos VIII al XI (712-1011).

Fue una frontera estratégica, vigilada y espiada, seguida del traslado de gran parte de la población al Norte peninsular, que dio origen al semidesierto del valle del Duero. Esta frontera fue defendida con las grandes fortalezas de Gormaz, Osma, San Esteban de Gormaz y Roa de Duero, entre otras.

Oxoma-Osma, la ciudad de la Sede episcopal, y el río Duero figuraron en las Crónicas árabes con los nombres de Wukxima y Wualdi Duwayr, respectivamente, haciendo referencia a lugares de permanente situación conflictiva y de difícil convivencia.

Desconocemos la relación de Obispos residenciales de Osma en la primera mitad del siglo VIII. El último conocido es el visigodo Sonna del que carecemos de noticias a partir del año 693. Existieron, en cambio, Obispos titulares de Osma en el exilio, juntamente con clérigos y fieles diocesanos refugiados en La Liébana de Cantabria, acogidos al amparo y protección del rey Alfonso I de Asturias (739-757). De estos Obispos exiliados conocemos los nombres de Sisenando y Eterio, su inmediato sucesor, viviendo por los años de 733 y posteriores en la Iglesia de San Martín de Liébana.

Luciano Serrano, abad de Santo Domingo de Silos, dice que esta Iglesia, erigida en Potes, en los límites del obispado de Oca, debió ser fundada por clérigos originarios del Obispado de Osma, que a una con los de Oca, Segovia, Ávila y Palencia repoblaron Liébana en tiempos de Alfonso.

Por los años de 776 encontramos al Obispo Eterio o Heterio residiendo en el Monasterio de San Martín de Liébana con el abad Beato y allí permaneció probablemente hasta el 826. Debió de ser consagrado Obispo de Osma por el Arzobispo toledano Elipando (754 - + c. 800) por pertenecer la Diócesis de Osma a la Provincia metropolitana de Toledo, y estar establecido por el Concilio IV de Toledo del año 633 que el Metropolitano consagre a los Obispos de su Provincia eclesiástica.

La huída de Heterio desde Osma a Liébana parece que no provino de motivos musulmanes, sino de la incompatibilidad teológica con el Arzobispo Elipando por el adopcionismo o teología cristiano-coránica sobre Jesucristo. Es esclarecedor el texto del Nomina illustrium virorum episcoporum Oxomensis Ecclesiae o Episcopologio antiguo de Osma: "En la era DCCCXXI gobernó la Iglesia de Osma el Obispo Eterio, el cual defendió la fe católica contra el Arzobispo Elipando y escribió un libro contra la herejía en colaboración con el Obispo asturicense Benedicto y Ambrosio".

La fama y prestigio de Heterio proviene, en segundo lugar, de su colaboración con el abad Beato en la composición de los cometarios al Apocalipsis de San Juan o Beato, que el propio abad dedicó al Obispo de Osma.

Después de los días del Obispo Heterio, comienza un nuevo silencio hasta el reinado de Alfonso III (866-910) en el que la 'Crónica Albendense' nos habla de "Felmiro, Obispo de Osma por los años de 881".