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Todos corresponsables en la Iglesia
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11-08-2007 |
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TODOS CORRESPONSALES EN LA IGLESIA Con frecuencia hemos oído hablar de corresponsabilidad en la Iglesia. Y hasta nos suena bien la palabra. Pero, quizás no nos hemos parado a pensar con detenimiento qué significa realmente, ni hemos llegado a calar del todo las implicaciones reales que tiene para nuestra vida cristiana. Sin embargo, es una dimensión fundamental de la comunidad cristiana que no podemos ni debemos olvidar. Por eso, no está de más que nos paremos a pensar aquí un poco en lo que significa realmente la corresponsabilidad. El Concilio Vaticano II, al hablar de la Iglesia, Pueblo de Dios, nos recordó que “existe entre todos sus miembros una verdadera igualdad en cuanto a la dignidad y a la actividad común”. Todos, como miembros de Cristo vivo, tienen la misma dignidad e “incorporados y configurados con Cristo por el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, tienen el deber de cooperar a la expansión y dilatación del Cuerpo de Cristo para llevarlo antes a su plenitud”. Según esto, corresponsabilidad significa que la misión de la Iglesia es cosa de todos los bautizados y, por consiguiente, cosa nuestra. Dicho con otras palabras, significa que en la Iglesia todos los fieles: clérigos, religiosos o laicos, tenemos que ser activos, que nadie puede considerarse un miembro meramente pasivo, objeto de la acción de los demás, que todos estamos llamados a construir la Iglesia y a participar activamente en su misión evangelizadora, que todos somos necesarios, que nadie es superfluo o inútil, que nadie sobra. Ahora bien, que seamos corresponsables, no significa que todos tengamos idéntica misión y las mismas tareas dentro del Pueblo de Dios, o que todos podamos y debamos hacer lo mismo. En la Iglesia, hay diversidad de carismas y ministerios, y por tanto, diversidad de vocaciones y funciones. Todos somos corresponsables, pero no todos lo somos de la misma manera, ni con el mismo carisma, ni en los mismos campos de acción. La corresponsabilidad en la Iglesia, es orgánica y diferenciada, propia de un organismo vivo, como nos recuerda san Pablo al aplicar a la Iglesia la imagen del cuerpo, que tiene distintos miembros, cada uno con su propia función (I Co 12, 4-30). Esta es precisamente una de las finalidades del Directorio Diocesano de Ministerios laicales publicado el año pasado en nuestra diócesis, y ese es también uno de los objetivos de la Asamblea Diocesana de laicos que estamos preparando, dar pasos para logar una mayor participación y corresponsabilidad de todos en la vida de nuestra Iglesia diocesana. Entre todos, contando con la ayuda el Espíritu Santo, lo podemos conseguir. |


