Diócesis Osma Soria
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DIOS TIENE CORAZÓN - Actualidad del culto al Corazón de Jesús
19-06-2007

CARTA DESDE LA FE

DIOS TIENE CORAZÓN - Actualidad del culto al Corazón de Jesús -

 El día 15 de junio la Iglesia celebra la solemnidad del Corazón de Jesús y durante el mes de junio el pueblo fiel rinde culto al Corazón de Cristo, traspasado de amor. En esta Carta desde la fe me propongo ofrecer unas orientaciones sobre la actualidad de la devoción y culto al Corazón de Jesús.

“Nuestro Dios tiene Corazón. Es más, tiene un Corazón de carne. Se hizo carne precisamente para poder sufrir con nosotros y estar con nosotros en nuestras dificultades”.

Estas palabra de Benedicto XVI pronunciadas recientemente nos ayudan a vivir en profundidad la verdadera devoción al Corazón de Jesús. Esta devoción hunde sus raíces en la Sagrada Escritura, en la Tradición viva de la Iglesia, en la Liturgia y en el Magisterio de los Papas, sobre todo de los últimos tiempos. Los Santos Padres de la Iglesia se detuvieron con gusto en el texto de San Juan sobre la lanzada de Cristo muerto en la cruz: “uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua” ( Jn 19, 34). Profundizaron en la contemplación del costado abierto de Cristo, en la herida que se hizo en su Corazón, de donde brotaron el agua, símbolo del Bautismo y la sangre, símbolo de la Eucaristía: los sacramentos de la Iglesia.

En nuestros días, el culto al Corazón de Jesús cobra actualidad extraordinaria, porque precisamente del Corazón del Hijo de Dios, muerto en la cruz, ha brotado la fuente perenne de la vida que da esperanza al hombre. Del Corazón de Cristo crucificado  nace la nueva humanidad, redimida del pecado. El hombre del tercer milenio tiene necesidad del Corazón de Cristo para reconocer a Dios y para conocerse a sí mismo; tiene necesidad de él para construir la civilización del amor.

Junto al Corazón de Cristo, el corazón del hombre aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del corazón, a unir el amor filial a Dios con el amor al prójimo.